Uno de los principios aprendidos en clase de física fue la inercia. Me enseñaron que la inercia es la propiedad por la cual los cuerpos no modifican su comportamiento a menos que aparezca una fuerza externa, es decir, si lanzas una piedra, seguiría en movimiento hasta el infinito si no fuera por la gravedad, o si un objeto se encuentra en reposo, jamás se movería a menos que alguien o algo lo mueva.
Parece lógico, para algunos quizás ridículo, para mi fascinante. Y quizás más fascinante es pensar en otro tipo de inercia, una inercia capaz de destruir, capaz de privarte de lo mejor, capaz de no permitir que te desarrolles, y es la denominada inercia conductual, y se define porque nos resistimos a modificar nuestra conducta a pesar de que no nos gustan los resultados. El cierre de una empresa tras años de pérdidas sin haber hecho nada por cambiar la tendencia, la separación de parejas por haberse negado a cambiar sus actitudes, la muerte por cáncer de pulmón de aquel que no dejó el cigarrillo, la triste y miserable vida del que nunca se esforzó por salir adelante, son sólo algunas de las lamentables consecuencias de la ponzoña inercia conductual.
Sé de personas que han tenido una idea pero nunca se han atrevido a apostar por ella. Ya sea porque sentían miedo de fracasar, o de que se burlaran de ellas, o porque no sabían cómo patentar una idea, la cuestión es que no dieron el paso y esa idea se quedó allí, hasta que otra persona, que sí dio el paso, muchos años después se enriqueció con la misma idea.
Si quieres hacer algo, hazlo. Si tienes un invento, averigua cómo vender una patente y simplemente lánzate. Prueba, aprende, adquiere experiencia.
Pero no vivas en "piloto automático".
Decide qué quieres hacer con tu vida.
Si sabemos lo que debemos hacer, ¿por qué no lo hacemos? Sabemos que debemos cambiar, en nuestro interior lo sabemos, pero aún así preferimos ignorarlo intentando engañarnos a nosotros mismos, tendiéndonos así una autotrampa que no nos permite salir adelante. Somos más que una piedra lanzada, tenemos vida, sentimientos, entendimiento, voluntad. Puedes ser lo quieras llegar a ser, pero tú te estás deteniendo. Ha llegado la hora de que tú mismo seas la persona de tus sueños, de convertirte en lo que aspiras. Empuña tu voluntad, enarbola el autocontrol, cambia, haz algo distinto, vive, disfruta, que un nuevo mundo se desplegará ante ti y disfrutarás de cosas que hasta ahora no habías imaginado. Es el momento. Hazlo!
David Parodi
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