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Soy un emprendedor apasionado por el desarrollo personal, profesional y familiar.

domingo, abril 12, 2015

La mejor respuesta

En una de esas veces que salí a correr y a disfrutar de ese tiempo conmigo mismo, con la naturaleza y alejado de teléfonos, internet, y de todo aquello que nos distrae, tuve la oportunidad de cruzarme con dos niños pequeños que iban juntos, parecía claro que eran hermanos, uno de ellos tendría unos 9 años y el otro unos 7 aproximadamente. Llegué a oir sólo unos segundos de conversación pero que hicieron que me pase el resto del día pensando. Puede parecer irrelevante, pero aprendí de ellos aquel día una importante enseñanza. Lo que sucedió es que el mayor dijo al hermano en el momento en que me cruzaba con ellos: "eres lento, yo soy más rápido que tú". Fue una declaración directa, clara, sin ningún tipo de duda sobre la mayor capacidad de éste con respecto al otro. El hermano menor lo miró, hizo unos segundos de silencio y agachó la cabeza. Para mi, en ese momento, el mundo paró y yo reduje drásticamente mi velocidad. Yo pensé, qué le contestará? se quedará callado? Pensé que quizás le diría algo como "es mentira, yo corro más rápido que tú", o "es normal que seas más rápido si eres más grande", o "eres rápido pero yo soy más listo que tú". No lo sé, podrían haber llegado distintos tipos de respuestas pero yo desconocía lo que él diría, hasta el momento en que ese niño de unos 7 años dió lo que para mi fue la mejor respuesta: "me da igual". Ahí acabó todo, la conversación no siguió, sólo reinó el silencio, y yo seguí con mis ejercicios, pero esa frase se quedó en mi mente y aprendí de ese niño una gran lección.

Muchas veces en la vida cuando quieres dar pasos importantes, por ejemplo, quieres emprender, realizar un sueño, luchar por algo que quieres, la gente nos mira y nos dice "eres lento", "eres incapaz", "eres ignorante", "nunca lo lograrás". Este tipo de frases suele ser especialmente dolorosas cuando provienen de personas cercanas que supuestamente está ahí para apoyarnos. Hace poco me contaba una persona que tenía mucha ilusión por abrir un pequeño negocio en el que creía, pero temía decírselo a su familia y amigos ya que ellos siempre se burlaban de sus proyectos e ideas. Qué triste puede resultar esto, y cuán solos a veces nos sentimos cuando estamos dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad, sí, salir ahí fuera e ir a buscar aquello que queremos y por lo que estamos dispuestos a luchar. Y en esos momentos llegan esas frases que comentaba antes, u otras como "es imposible", "eres un soñador", o lo que me dijeron a mi: "estás loco, cómo se te ocurre abrir una empresa en plena crisis?". Cuando esto sucede podemos buscar miles de respuestas, pero creo que ese niño nos dió un buen ejemplo: "me da igual", y añadiría: "yo seguiré". Por supuesto que no hablo de una actitud mediocre con la que siendo concientes de aquello en lo que debemos mejorar, optamos porque nos de igual, no, definitivamente no, sino me refiero a que cuando todo el mundo parece no entender nuestros sueños, nuestras convicciones, nuestros anhelos, nuestras metas, muchas veces resulta inservible una potencial explicación.

Parafraseando aquello que decía Will Smith a su hijo en la película "en busca de la felicidad", que nadie nos diga que no podemos lograrlo, que somos demasiado tontos, lentos, inútiles, incapaces, etc. para poder luchar por nuestros sueños y llegar a ser lo mejor que podemos llegar a ser. Que nos de igual las burlas, la falta de apoyo, las negaciones de ayuda, y que sigamos adelante nadando aunque sea a contracorriente. No miremos tanto lo que somos, enfoquémonos en lo que podemos llegar a ser. Éxitos!   David Alfonso Parodi.