No sé si algún día seré padre, pero miro hacia las estrellas
y creo que estás ahí, me imagino tu rostro, tus manitos, me imagino lo que
sentiré cuando te tenga en mis brazos, sí, te hablo a ti futuro hijo o hija. No
paro de preguntarme si algún día serás parte de mi vida, si sentiré tu respiración,
tu amor, tu confianza, y la confianza de Dios al entregarme a uno de sus amados
hijos para que sea yo tu padre en esta tierra. No sé si algún día vendrás a mí,
pero si lo haces, hoy quiero prometerte que intentaré ser el mejor padre del
mundo, aunque sé que no podré ser perfecto y te pido perdón por ello, quizás no
siempre estaré a la altura de la divina responsabilidad más sagrada que puede
tener un ser humano, la de ser padre o madre. Aún así, quiero que sepas que
intentaré darte lo que creo que es lo mejor para ti, y no hablo de dinero, sino
de cosas aún más importantes. Intentaré darte amor y confianza para que crezcas
sabiendo que eres un ser amado, respetado y en quien se confía. Intentaré darte
todo el conocimiento posible, porque esa es la herramienta para que tomes las
mejores decisiones en la vida y desarrolles todo tu potencial. Intentaré
enseñarte principios, porque por encima del dinero, la fama, o cualquier otra
cosa temporal en este mundo, sé que lo más importante son los principios, te
definirán tu ser, la clase de hombre o mujer que serás, definirán tu futura
familia y tu descendencia, y permitirá que seas una persona más feliz, completa
y que seas una bendición para tus seres queridos y para la sociedad. Lo siento
pero no siempre te daré todo lo que me pidas, a cambio intentaré darte la
oportunidad de que tú mismo lo consigas, de que aprendas desde pequeño que todo
en la vida requiere cierto esfuerzo y sacrificio, y aunque algunas veces te
daré el pescado, a menudo intentaré enseñarte a pescar por ti mismo, eso te
hará un hombre o una mujer fuerte, valiente, con coraje, autosuficiente y capaz
de lograr cualquier cosa que te propongas. Prometo intentar ser un padre y un
amigo, escucharte más y juzgarte menos, ser rápido en darte la más sincera
enhorabuena por todos tus logros, aunque sean pequeños, y ser lento para
señalar lo malo. No obstante, tendré que corregirte adecuadamente, aunque nunca
sin expresarte al mismo tiempo el por qué de la corrección y cuánto tu madre y
yo te amamos, ya que lo último que quisiera es que crezcas pensando que tus
acciones no conllevan consecuencias. Prometo dedicarte tiempo, reir contigo,
llorar contigo, jugar contigo, ser lo mejor que puedo llegar a ser, y sobretodo,
si algún día llegas a mí, que sepas hijo o hija, que con todo mi corazón te
amaré. David Alfonso Parodi.
